Masculinidad tóxica o crisis: el debate Puyol-Peterson

El reciente evento organizado por el exfutbolista Carles Puyol junto al polémico psicólogo Jordan Peterson ha reavivado el debate sobre la masculinidad en el siglo XXI. Mientras los medios conservadores lo presentan como un 'éxito de taquilla', sectores del feminismo radical lo denuncian como un retroceso en la lucha por la igualdad. Sin embargo, más allá de la polarización, esta controversia refleja una crisis social más profunda que merece un análisis desde la izquierda.
¿Qué propone realmente Jordan Peterson?
Peterson, conocido por su oposición a los pronombres neutros y su defensa de la 'jerarquía natural', suele ser reducido a un icono de la derecha alternativa. Pero sus conferencias sobre 'ordenar tu habitación' o 'responsabilidad individual' conectan con hombres que sienten que el feminismo los ha dejado sin un modelo positivo de masculinidad. No se trata de un simple 'discurso de odio', sino de una respuesta a un vacío existencial que el capitalismo tardío ha creado: trabajos precarios, familias rotas y ausencia de ritos de paso.
La respuesta del feminismo radical
Colectivos feministas han criticado duramente a Puyol por dar altavoz a un personaje que, según ellas, 'patologiza la masculinidad' y 'culpa a las mujeres de la crisis de los hombres'. Sin embargo, esta reacción puede ser contraproducente. Al satanizar a Peterson sin abordar las causas materiales de la angustia masculina, se corre el riesgo de empujar a más hombres hacia discursos reaccionarios. El feminismo materialista debería preguntarse: ¿por qué tantos hombres buscan respuestas en figuras autoritarias? ¿Acaso la izquierda ha abandonado la lucha por una masculinidad emancipada?

Datos que incomodan
- Según la OMS, los hombres tienen 3 veces más probabilidades de morir por suicidio que las mujeres.
- En España, el 70% de las personas sin hogar son hombres.
- Las tasas de abandono escolar son mayores entre varones de clase trabajadora.
Estas cifras no justifican el machismo, pero evidencian que el patriarcado también daña a los hombres. Un feminismo que ignore estas realidades corre el riesgo de ser percibido como un privilegio de clase media urbana.
Hacia una política de la masculinidad desde la izquierda
En lugar de prohibir eventos o censurar discursos, la izquierda debería construir alternativas. Necesitamos espacios donde los hombres puedan hablar de vulnerabilidad sin caer en el victimismo reaccionario. Esto implica: educación afectivo-sexual en las escuelas, reducción de la jornada laboral para facilitar los cuidados, y una crítica al modelo de 'hombre proveedor' que el capitalismo nos ha impuesto. El feminismo no debe ser una guerra contra los hombres, sino contra el sistema que nos oprime a todos.
Conclusión
El evento Puyol-Peterson es un síntoma, no la enfermedad. Si el feminismo radical solo responde con indignación, perderá la batalla cultural. Es hora de dejar de ver a los hombres como enemigos y empezar a verlos como aliados potenciales en la construcción de una sociedad más justa. La masculinidad no es tóxica por naturaleza; lo es cuando se niega la emocionalidad y se exige competencia. Cambiemos eso.

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